Opinión

Banco malo ya, pero...

Más importante que la evidente necesidad de crear un “banco malo” es el lograr que sea efectivo, y ahí es donde creo que nuestros economistas y políticos, si no van de la mano del conocimiento del sector inmobiliario, pueden fracasar estrepitosamente.

Los activos malos de las entidades financieras no son las viviendas ya que existe un claro mercado de demanda, y siempre lo habrá (excepciones aparte). Esas se ponen a su precio de mercado actual a día de hoy (no el especulativo que aun mantienen en sus balances) se habilita un crédito con los avales precisos para el cliente del banco, y santas pascuas. El auténtico problema es el suelo, que no es un bien último, sino una componente del precio de la vivienda, el auténticamente especulativo. Tampoco el problema principal es el suelo urbano consolidado, ya gestionado, sino principalmente las grandes bolsas de urbanos no consolidados y urbanizables, y ahí el problema no está en el gobierno central, sino en los autonómicos y principalmente en las corporaciones locales o ayuntamientos, donde una decimonónica carga burocrática y un funcionariado poco sensible a las reglas de mercado, impiden cumplir los lógicos plazos y la seguridad jurídica que de la Administración se espera para poder hacer efectivo cualquier puesta en el mercado de las viviendas en las que convertir esos suelos, algo que multiplica enormemente el riesgo para cualquier inversor.

El banco malo ha de convertir suelo (un medio), en viviendas (el fin último) como único activo perfectamente comercializable, y lo ha de hacer valiéndose de entidades propias creadas al efecto.

De nuevo, y van…, vuelvo a insistir en la necesidad de crear la “autolicencia”, al estilo de la autodeclaración que todos proponemos a Hacienda para cumplir con nuestros deberes con el fisco. Si un PGOM aprobado por la Corporación Municipal y por la Autonomía es correcto, y por tanto perfectamente entendible (a veces ahí está el problema), bajo la responsabilidad del técnico que ampare el proyecto de que se trate y con la amenaza de las duras sanciones correspondientes en caso de fraude, la licencia tendría que ser inmediata y controlada en el transcurso de su ejecución, pero no demorada en fase de solicitud meses y años incluso, con todas las posibles corruptelas que ello comporta, lo mismo que el proceso de tramitación de suelos urbanizables y urbanos no consolidados, arbitrando silencios administrativos positivos eficientes, a los efectos de que lo que hoy tarda lustros o décadas en tramitarse, no fuera mas allá de medio año a lo sumo para estos casos. Con la garantía de que esos suelos (no mas allá del 20% de repercusión en la vivienda) en pocos meses se estarían convirtiendo en viviendas financiadas por el banco de donde el suelo proviene, que habrían de venderse a precio de coste al que incrementar un pequeño porcentaje por la gestión, y ser financiadas en la compra por el banco en cuestión, ese banco malo cumpliría en un tiempo record con su misión, el sector de la construcción se recuperaría (alrededor del 15% de la economía nacional) y el ciudadano podría adquirir viviendas a su precio justo y asumible, al tiempo que ello reactivaría el consumo y con ello propiciaría la recuperación en mucho menor tiempo que el actualmente previsto.

Banco malo sí, pero acompañado de medidas insoslayables para su eficiente funcionamiento.

Te puede interesar