Opinión

Ventajas e inconvenientes

Lo bueno de vivir en un mundo sin fronteras y en una sociedad del conocimiento con ilimitado acceso a la información, es que uno se convierte, incluso sin quererlo, en un ilustrado perfecto. Existen en estos tiempos tantos soportes informativos y tan variados que ni siquiera consigue uno aislarse aunque lo desee. Hace unos días, una amiga mía me confesaba que es tan oscuro lo que recibe desde primera hora del día que a veces sentía la irresistible necesidad de desconectar y cerrar ojos y oídos a lo que pasa, teniendo en cuenta que entre lo que llega apenas se atisba nada que actúe en defensa de su ánimo y de su sonrisa. Es precisamente el envés de esta hoja, o lo que es lo mismo, la imposibilidad cierta de poner coto a los soponcios que a uno le llegan aunque eche mano de la universal táctica de los monos, esas figuras que se tapan los ojos, la boca y los oídos para combatir el peligro de enterarse de lo que no deben.

En un mundo en que la sintaxis de la carta que solicita rescate basta para promover la actuación a degüello de Moody’s -que los mercaderes mundiales acatan además sin chistar- uno no puede aspirar por desgracia a ejercer de buen salvaje ni siquiera una semana, porque nadie va a permitírselo ni aunque tuviera posibilidad de perderse en la selva virgen. Un amigo mío fue invitado a Nairobi y aceptó acudir a un safari fotográfico, con fin de fiesta incluido a cargo de los guerreros Masai dando saltos armados de escudos y lanzas. En un momento dado, dio la vuelta a una vivienda y se encontró a uno de ellos hablando por su teléfono móvil. “Es que estudio en Inglaterra -le explicó con una sonrisa cómplice- y me gano un dinero que me va muy bien”. El mundo ya no es suficiente.

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