Opinión

Una nueva víctima

Javier Lambán hubo de renunciar a la presidencia de las Cortes de Aragón cuando fue superado por el PP en las urnas y la alianza de  los conservadores con Vox le restó cualquier posibilidad de sucederse a sí mismo. Doctor en Filosofía y catedrático de instituto, comenzó su carrera política como concejal socialista en Ejea de los Caballeros el pueblo en el que nació, y, a partir de la política local, ascendió a la territorial hasta convertirse en presidente aragonés por primera vez en 2015 y mantenerse en el cargo hasta los últimos comicios, peleándose además con un cáncer de colon que le fue diagnosticado en 2021. Es por tanto un hombre serio y trascendente que está muy alejado del brillo superfluo y al que nadie puede acusar de frivolidad. Es un tío serio y más serio aún desde que padece esta enfermedad.

Lambán se ha posicionado conscientemente en el grupo de disidentes que rechaza el tratamiento otorgado a Puigdemont y sus secuaces por el presidente del Gobierno. Sánchez sigue insensible a interpretar que una cosa es ser leal a su persona y otra serlo al partido que representa, simplemente porque ha subordinado ese partió centenario a sus particulares intereses y ha instaurado como propio el viejo principio de “o estás conmigo o estás contra mí” sin meditar la posibilidad de que se pueda practicar una vía intermedia que consiste en aceptar los designios del presidente cuando se consideran dignos y rechazar los que no lo son, sin traicionar la esencia del partido y su añeja tradición desde los tiempos de Iglesias.

Lambán es la figura más señera del PSOE aragonés. A día de hoy es su secretario general, además de diputado en las cortes regionales y senador por designación autonómica, función en la que ha decidido votar a favor de la mayoría en el rechazo a la ley de Amnistía, quebrando con su voto la  disciplina exigida por Sánchez. El histórico dirigente aragonés ha argumentado problemas insalvables de conciencia  para votar a favor del perdón a Puigdemont y sus cómplices, haciendo buena su disidencia que comparten algunos otros altos responsables de su partido aunque apenas lo digan. La férrea mano del sanchismo comenzará por abrirle expediente, seguirá multándolo y acabará expulsándolo del partido como han hecho con otros notables y viejos compañeros que han desobedecido. Lambán sigue el camino de Leguina, Corcuera, Redondo y algunos más a los que no se toleran el más mínimo desacuerdo.  O sea, que se de por expulsado. 

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