Una campaña muy larga

Una campaña muy larga

El debate que, superando todos los obstáculos prepuestos en su mayor parte por la propia dirección del medio, han escenificado en la cadena pública los líderes de los cuatro grandes partidos con representación parlamentaria, ha dado de sí todo lo que cabía la posibilidad de que diera y ni un metro más. Al fin y el cabo estaba todo tan medido, tan pesado tan aquilatado y tan restringido, que no era posible sacar los pies del tiesto ni inventarse nada que le diera un poco de vida al encuentro. El que probablemente lo entendió mejor fue Pablo Casado, que decidió rendirse a la evidencia y aparecer en pantalla como un respetuoso ciudadano dispuesto a no levantar la voz ni a alzar los brazos pasara lo que pasara, y el que más intentos hizo de rebelarse fue Albert Rivera, el único que trató de otorgarle un poco de pimienta al guiso en la medida de un margen de posibilidades que apenas dejaban sitio para nada ni siquiera para alguna travesura inocente. Sánchez, por ejemplo, se puso el traje y se olvidó probablemente de descolgarlo de la percha, y quizá por eso pareció tan tieso y tan engolado, y por su parte, Pablo Iglesias salió a escena vestido de Pablo Iglesias con su camisita, su coleta, sus mangas arremangadas,  y recitó todos los tópicos que se le suponen y la parroquia espera. Es natural y otra cosa hubiera parecido todavía más artificial. Es como si una bailarina contratada para una caseta en la feria de Sevilla se niega a bailar por sevillanas.
Sospecho que el polémico debate de la una ha sido más intenso en su preparación que en su desarrollo. Se han producido situaciones más tensas en las discusiones anterior a su escenificación en el plató que lo que ha ocurrido en plató mismo seguramente porque los candidatos de los cuatro partidos presentes en esta cita hace tiempo que han entrado en bucle y no hacen otra cosa que repetir lo mismo hasta cansarse. La campaña electoral ha sido muy larga –un error que hay que atribuir a todos y especialmente al partido que gobierna y que se ha empeñado en gobernar de diseño desde que se produjo el resultado de la moción de censura- y nadie puede resistir tanto tiempo repitiendo idéntico discurso a diario. En todo caso, y gane quien gane no nos van a gobernar personas listas, sólidas y brillantes. Nunca se sabe y a lo mejor los grises son los mejores. Y si no lo son, ahí están. Luego no nos quejemos.