Opinión

Un poco tarde

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Un poco tarde

Qué razón tiene ese extendido pensamiento que afirma la necesidad de morirse para que te traten bien. La aventura humana está llena de reconocimientos tardíos y miserias para con sujetos admirables a los que se desprecia en su tiempo y se reivindica cuando ya ni siquiera es necesario. Lo pienso y lo deploro mientras leo que el Reino Unido imprimirá los billetes de 50 libras con la imagen de Alan Turing, el eminente cerebro matemático que fue capaz de desentrañar la máquina de códigos de los alemanes y que probablemente salvó con sus cálculos matemáticos, su intuición y su mente prodigiosa más vidas que las que salvó otro insigne británico llamado Alexander Fleming cuando descubrió la aplicación del hongo con el que elaboró la penicilina. 
Turing es uno de los personajes peor tratados de nuestro tiempo y muestra muy a las claras la terrible situación en la que ha subsistido en la Gran Bretaña la homosexualidad, declarada delito tipificado en su código penal hasta bien entrado el siglo XX. Aclamado hoy por las instituciones de un país que le abocó al suicidio, agredido y humillado por sus compatriotas que hoy tornan aquella violencia por admiración, la figura de Turing sospecho que ni siquiera a estas alturas ha recibido el homenaje que la Humanidad entera le debe como abnegado opositor desde la brillantez de su mente y la generosidad de su esfuerzo impagado, a la tiranía nazi.  El final de un genio generoso y abnegado que se elevó por encima de la  incomprensión para imponer sus criterios y los de su reducido equipo en la tarea de desentrañar la fábrica de códigos secretos alemanes, fue tan vergonzoso que no cabe más. Acusado, juzgado y condenado por homosexual, la justicia le ofreció dos caminos. O bien ir a la cárcel o someterse a una castración química que aceptó y le produjo sufrimientos atroces. Dos años después de su condena, inyectó con cianuro una manzana y se quitó la vida comiéndosela. Hay quien dice que el nombre de la productora Apple de los Beatles fue un homenaje subliminal a su figura inspirado por John Lennon. No es fácil de creer pero tampoco estaría mal que así fuera. Ayer, el gobernador del Banco de Inglaterra anunció la próxima incorporación a la galería de grandes nombres que ilustran sus billetes de banco. Un poco tarde parece. Por cierto, el tal gobernador se llama Mark Cartney.