Opinión

El trino del canario flauta

E l gallego López Vilas ha entrado como un elefante en una fábrica de platos para pasar revista a las cuentas de la Sociedad General de Autores y se ha encontrado con que Eduardo Bautista lo había puesto todo perdido. En un panorama confuso y acuchillado por las dudas y los temores, estos arrebatos de soberbia y solapada dictadura como los que semeja haber cometido el antiguo cantante de “Los Canarios” ponen de los nervios a cualquiera y nos introducen en esa ámbito denigrante y viciado por el que un sujeto se vuelve majareta y se considera dueño y señor de una huerta en la que en realidad ejerce simplemente de asalariado. Dice Ramón López Vilas que Bautista se comportó como un emperador investido con poderes omnímodos para hacer y deshacer a su antojo, y en su balance final explica que otorgó favores, desvió fortunas y premió a los suyos con dádivas impensables que se reflejan en el informe elaborado por el catedrático coruñés y en el que se determina el grado de tiranía e independencia plena no sujeta fiscalización ni vigilia alguna, con el que este sujeto ha actuado a lo largo de sus muchos años de dominio absoluto sobre la institución y sus asociados.

En todo caso, este dictamen pone de manifiesto la necesidad de una actuación por derecho, y la exigencia de responsabilidades a toda la cúpula de una entidad que dejó hacer y miró al cielo. Hay partidas millonarias para comprar teatros, contratos adjudicados a dedo por cantidades fastuosas, cientos de millones no consignados ni repartidos y un lado oscuro que debe poner los pelos de punta. Por una rara casualidad, los negocios de Iñaki Urdangarín también salen en esta radiografía tétrica. Este chico sale en todas.

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