Opinión

Tres meses

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Tres meses

Han tenido que transcurrir tres meses para que Pedro Sánchez se avenga a comunicarse por teléfono con la presidenta del Congreso y ofrecer la fecha para la celebración del procedimiento parlamentario que puede permitirle ostentar la presidencia del Gobierno. Será el próximo día 23 si bien a día de hoy sigue sin contar con los apoyos necesarios para conseguir este objetivo. No está ni mucho menos claro sin embargo, que Sánchez esté por la labor de conseguirlo. El primer ministro en funciones ha convertido su cargo en un instrumento. Y como instrumento, ha resuelto hacer con él lo que mejor le convenga.
Sánchez es, a todos los efectos, un avezado superviviente y ha sido capaz de revertir una situación que le daba por muerto. Frío y poco escrupuloso, fue arrojado por una ventana, cayó a plomo, se levantó, se sacudió el polvo y comenzó a construir su futuro como lo ha construido toda la vida. Actuando en su propio beneficio sin tener en cuenta los intereses de los demás. Para ello lleva mucho tiempo valiéndose de todas las herramientas posibles sin tener en cuenta ni su dignidad ni su procedencia. Sánchez no ha tenido inconveniente alguno en falsear sus propios textos académicos, ha compartido la Moncloa con la edición de su libro, ha colocado a su mujer en puestos de alta representación… pero sobre todo, se ha abierto paso en política a codazo limpio tras comprender que en ese escenario no valen debilidades ni sentimientos. Una vez recobrada su posición, se ha puesto a cortar cabezas y no ha dejado vivo a ninguno de los enemigos que le brotaron en el seno de su propio partido. Una vez desbrozado el campo, Sánchez ha seguido adelante hasta controlar su casa. Y una vez controlada su casa y muertos todos sus rivales, el siguiente paso es controlar el escenario político. Sánchez lo ha logrado.
El presidente en funciones tiene dos semanas para convencernos a aquellos que no le tenemos mucho apego, de que no maneja para su propia ventaja una nueva cita electoral. Las encuestas le dan resultados magníficos si esta situación se produce y conociendo el percal, su personalidad y la condición moral de sus asesores todo es posible en este teatro. Ninguneo absoluto del Rey, ofrecimientos vacíos a sus posibles socios, control personal de los tiempos parlamentarios y tres meses de parálisis absoluta. Y ya veremos…

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