Opinión

TODOS LOS TIRANOS SON HERMANOS

Apenas se le ha otorgado trascendencia a la muerte de un disidente cubano en huelga de hambre seguramente porque estos dos sujetos indeseables apellidados Castro que se preparan para recibir al Papa, han gozado incomprensiblemente de una graciosa patente de corso para disculpar sus desmanes. Se la concede la comunidad internacional y proporciona a ambos el resguardo necesario para no ser considerados públicamente y sin concesiones, exactamente como lo que son. Como unos auténticos tiranos, criminales sin alma y sin conciencia que han asesinado a otros opositor más y han añadido la muerte siguiente a un catálogo de horrores paradójicamente desatendidos en los que, por ejemplo, un adalid de la practica de la justicia universal como el juez Garzón no ha querido ni entrar. A mí lo de la justicia universal me parece una perfecta inutilidad y una injerencia impropia en la soberanía de las naciones, pero Garzón se ha empeñado en defenderla y este delito que se cerrará impune como los anteriores, merecía aplicara.


Los dictadores y los tiranos siempre apelan a las mismas falacias para disculpar sus horrores y lavar sus conciencias, de modo que en este caso se cumple la tradición. El régimen acusa a los disidentes de mentirosos y a la opinión pública internacional de manipuladora, pero ese es el protocolo aplicable en estos casos y la única verdad es que un hombre joven e inocente de 37 años, llamado William Villar Mendoza, ha fallecido tras 50 días en huelga de hambre para protestar por los desmanes de una dictadura sombría y pavorosa de la que ya es otra víctima más. Otro muerto de los cientos que carga la conciencia castrista Y el mundo sigue aceptándolos tan tranquilo.


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