Opinión

EL TOBOGÁN DEL MUNDO

Cabalgamos en pelo sobre un tobogán sin frenos en el que todo es cuestionable y nada es lo que parece como corresponde a un tiempo convulso en el que ciertos valores inalterables en el pasado, ya no los son tanto, y algunos otros a los que se les tenía cariño y respeto han perecido arrastrados por la marea. No hay espejos en los que mirarse, ni ejemplos a tener en cuenta, ni autoridad moral competente que nos enseñe el sitio y nos advierta hasta dónde se puede llegar, pero a estas horas nada es ya capaz de sorprendernos ni existe situación alguna que nos ponga los pelos de punta estando como estamos curados de todos los espantos. A mí, hace unos años que me dicen que el presidente del Tribunal Supremo ha sido denunciado por malversación de fondos públicos por un compañero de corporación que le acusa de viajar con su señora y con quien sea a Marbella los fines de semana como un potentado a costa del dinero de todos nosotros, y digo que no es posible. Ahora me lo creo y no es eso lo más grave. Es que me acuerdo de que tengo los macarrones en el horno y con las prisas se me olvida maldecir su nombre y solicitar su dimisión inmediata antes incluso de que se demuestre su culpabilidad o su relativa inocencia porque eso de la mujer del César viene en esta ocasión que ni pintado.


En esta absurda melé en la que vivimos cualquier cosa que resulte es por completo susceptible de ser cierta, y ya están ustedes viendo que hasta los dioses de un Olimpo menor que nos hemos ido creando están de capa caída con Guardiola destapando culebrón lacrimógeno que se inicia con su partida, y Ferrán Adriá camino de un juicio por el Bulli inmortal al que los vientos terrenos también azotan. Qué país nos hemos hecho,leche.


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