Opinión

TIEMPO DE MEDITACIÓN

Dicen los analistas del comportamiento humano que es en los momentos de mayor incertidumbre y zozobra cuando se producen repuntes en cuestiones de conciencia, aquellas que obligan al hombre (y a la mujer que no se olvide) a elevar la vista al cielo y plantearse la pregunta más trascendente de la existencia. Ligeramente descreído como he ido derivando yo en mi aventura íntima, no dejo de plantearme dónde anida el motivo último que produce un fervor tan intenso y tan plural en estas fechas de la Semana de Pasión que en tiempos de mucha bonanza parecían olvidarse del ideario trágico en el que se inspiran y que en años de sequía renacen en toda su serena exigencia potenciando los valores de pensamiento y compromiso con el misterio de la existencia de Dios, su condición humana y su muerte en la cruz redentora.


Desgraciadamente, no existe texto sagrado alguno ni se ha sabido por boca de ninguna alta jerarquía eclesial ni teólogo de prestigio, que Dios cree puestos de trabajo, aunque su doctrina, bien mirada, está más del lado del obrero que del patrono. Parece incuestionable que si Dios existe ?que es ya mucho suponer- ha delegado en su hijo Jesús la salvación eterna del género humano y el llamado Jesús ha desarrollado con acierto las instrucciones superiores, el preferido es el menesteroso aunque la doctrina cristiana indica muy claramente que esa preferencia no se advertirá en el paso por la tierra sino que hay que esperar al tránsito para disfrutarla desde el otro lado. Aún así e incluso a pesar de una lluvia insistente que ha obligado a suspender muchos pasos procesionales, esta es semana de reflexión y recogimiento quizá más profunda que en etapas anteriores. Hay motivo.


Te puede interesar