Opinión

LA TERCERA TRAS JUAN Y PASCUAL

Aunque los especialistas suelen identificar la legislación sobre desamortización de bienes de la Iglesia con la inefable figura de Juan Álvarez de Mendizábal, lo cierto es que la más enérgica de estas decisiones la firmó el hacendista navarro Pascual Madoz veinte años después de aquella primera y polémica medida. Fueron actuaciones similares e igualmente inusitadas, razonables en su intención pero apenas útiles en la consecución de los objetivos propuestos, si bien y por razones probablemente de origen ancestral a día de hoy las comunidades religiosas siguen considerando a Mendizábal como el auténtico hijo de Satán encarnado, porque además de medir un metro noventa y ser de ascendiente judío ?se cambió el apellido de Méndez por el de Mendizábal para maquillar su procedencia- era ateo, liberal y masón hasta las patillas. Madoz era otra cosa, más serio, comedido, riguroso y más respetable, dónde va a parar.


Escéptico, agnóstico, simpático y atlético, Rubalcaba propone imponer a la jerarquía católica una ejemplar medida de fiscalización. En este caso no aspira a que se enajenen sus bienes improductivos y se subasten al mejor postor como dictaban la leyes anteriores, sino a recobrar para ella el Impuesto de Bienes Inmuebles, y que se aplique a los edificios de los que la Iglesia es propietaria y de cuyo tributo parece exenta ignoro si por gracia administrativa, por complacencia o por alguna disposición contenida en el vigente Concordato de la que yo no tengo ni idea. Me parece bien que así sea aunque me permito recordar que mientras en mi IRPF puedo elegir si donar o no a la Iglesia parte de mis tributos, con Bankia no hay elección. Me lo sacarán de lo mío para pagar sus desmanes quiera o no quiera.


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