Opinión

El sueño de la razón y el cocodrilo

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El sueño de la razón y el cocodrilo

Estos momentos excepcionales en los que afloran los miedos telúricos que anidan en lo más recóndito del género humano, producen ensoñaciones inquietantes como contaba al aguafuerte don Paco Goya que, para esto de sacar las vergüenzas de la sociedad nacional, no tenía precio. Uno de ellos dice que el sueño de la razón produce monstruos, aguafuerte 43 de una serie de 80 grabados conocidos genéricamente como “Caprichos” a cada cual más sombrío, en el cual,  un sujeto rendido por el sueño cae a descabezarlo en la mesa de su escribanía, y libera en su trance una oscura galería de animales alados y rostros infrahumanos que le acompañan y custodian su insensato descanso. El que piensa más de la cuenta  aunque sea en sueños, dice el genio, corre el peligro de conducir su pensamiento fuera de los límites razonables y perderse irremediablemente en ese trance.

El cine -los Caprichos de don Paco tienen un portentoso contenido cinematográfico- no ha sido nunca ajeno a estas ensoñaciones dramáticas nacidas en tiempos de pesadilla colectiva, y ha producido ciclos de fantasía y horror en sintonía plena con esas escalofriantes etapas que han permitido a Hollywood rescatar los viejos mitos de la literatura gótica y poner en circulación una variopinta caterva de criaturas fantásticas desde Drácula a Frankenstein y de la Momia al Hombre Lobo, mientras los japoneses posteriores a la explosión de Hiroshima y Nagasaki pusieron en circulación al gran Godzilla, el gigantesco bicho mutante por efecto de la radiación, que sale de las profundidades del océano para darle lo suyo al pérfido género humano, creador de artefactos tan atroces como la propia bomba atómica que borró Japón del mapa.

Lo nuestro es más goyesco pero también más de andar por casa y menos traumático, porque el leal pueblo español se las arregla con poco –con fútbol sin espectadores por ejemplo- y, aunque no lo haga deliberadamente, se inspira en Goya, que es uno de los nuestros y uno de los más grandes.

Debe ser por eso por lo que ha creado el mito del cocodrilo de Valladolid, una bestia silenciosa y siniestra que ha elegido las aguas del Pisuerga para navegar a sus anchas y mantener en jaque a la Guardia Civil como si no tuvieran ellos otra cosa en la que ocuparse. El cocodrilo del Pisuerga es como Godzilla, pero en plan modesto. Lo han buscado durante tres semanas sin descanso. Menudo susto si lo hubieran encontrado.

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