Opinión

SORPRESAS, MEJOR LO DEJAMOS

José Luis Rodríguez Zapatero -cuyo nombre no debe ser pronunciado a partir de ahora salvo que se desee acabar en objeto de negra maldición contra la que no existe de momento sortilegio inhibidor alguno- se convirtió en secretario general del PSOE llegando desde la completa nada. Zapatero era un chico de León al que le dio por auspiciar una corriente reformista en la que nadie creía, y al que eligieron sus camaradas de Congreso como mal menor. Fue un uno por otro y la casa sin barrera lo que condujo a aquel sujeto desgarbado e inope, con modales que advertían cierta timidez, y sonrisa permanente muy similar a la de un conocido cómico ingles, hasta la más alta magistratura del socialismo nacional aunque bien visto, aquella cadena de estúpidas casualidades que en su día se manifestó tan entretenida hemos terminado pagándola con sangre todos los españoles. La elección de Zapatero demuestra lo arriesgado de improvisar una designación de tanta incidencia. Zapatero nos ha salido desastroso y su propio partido ha pagado con sangre las consecuencias de aquella incalificable herejía.


Diez años más tarde, la suerte no se ha repetido y entre el viejo guerrero y la joven promesa no se ha colado de rondón una tercera vía. Ambos antiguos amigos que no se miran se han dejado muchos pelos en la gatera pero el regusto por lo antiguo ha terminado cuajando, de modo que el factor sorpresa está desterrado y tenemos al mando de la familia socialista a un auténtico superviviente. Es el último de una generación de guerreros sioux y su pertenencia al entorno más próximo del ex presidente va a lastrar para el resto de sus días. También Chacón está señalada, es cierto. El PSOE no quiere ni oír hablar de cambios.


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