Opinión

LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO

Algo le está pasando a Rubalcaba que anda el hombre, como diría Chus Lampreave, como vaca sin cencerro. Da la impresión de que no encuentra un verdadero acomodo ni siquiera en su propio partido, en el que se le dan pocos cariños, y trata de establecer estrategias que le produzcan cierta satisfacción mediática sin lesionar considerablemente su propia coherencia, lo que le augura una tarea difícil de llevar a cabo y le obliga a proceder en clave de ajuste fino. Por ejemplo, ese disparatado intento de acudir a Bruselas al tiempo del presidente del Gobierno para intervenir en los distintos foros económicos en los que ni tiene responsabilidad alguna ni está legitimado para intervenir. Un hombre de su capacidad, su experiencia y su conocimiento no debería meterse en estos berenjenales, pero la necesidad de entrar otra vez en el torrente juega malas pasadas.


No hay, dicen los que entienden, peor soledad que la del vencido y Alfredo Pérez Rubalcaba lo es por el momento y no tiene más remedio que apechugar con esa condición. Su pertenencia al Gobierno anterior y un pasado largo y complejo le restan credibilidad y transmiten una buena dosis de desconfianza que le convierte en un político de futuro incierto cuya problemática debería asumir con el debido sentido común y un pragmatismo que ahora mismo no aplica urgido como está por la necesidad de hacerse notar y demostrar a la izquierda que tiene capacidad, y autoridad para que le hagan caso. Por eso se ha postulado para viajar a Bruselas en compañía de Rajoy mientras agita la calle y acusa al mismo presidente de pisotear el estado de bienestar de cuyas carencias también es directo responsable. Rubalcaba está en mi opinión hoy, en fuera de juego.


Te puede interesar