Opinión

EL OTRO RESCATE

Los acontecimientos que han catapultado al primer plano de la actualidad a dos instituciones extremadamente importantes como son el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, se han bastado para dejar sobre el pavimento una huella oscura y pegajosa que el ciudadano consciente observa con una mezcla de preocupación y temor ante el convencimiento de que las dos instituciones más representativas del ordenamiento jurídico nacional no sólo están interpretando sintonías diferentes sino que sus respectivos directores han entrado en barrena institucional poniéndolo todo perdido y despidiéndose a las francesa por imperativo categórico. La despedida, oficializada en el caso de Dívar y esperada en el caso de Sala, deja tras de si un panorama tan sombrío e inquietante que debería merecer una reflexión profunda de los profesionales del Derecho sea cual sea su condición y empleo, y quizá una intervención más decidida y sensible de sus órganos representantes con la intención de contribuir al rescate de ambos tribunales antes de que el desastroso modelo de gestión y reparto de funciones seguido en cada uno de los casos acabe por devorarlos sin posibilidad de conectar la marcha atrás.


Personalmente hace mucho tiempo que suscribo la tesis de Aguirre que hace del Constitucional una sala del Supremo, porque la Constitución está suficientemente madura para valerse por si misma sin necesidad de tribunales que la interpreten cada dos por tres. Pero sobre todo, preocupa su extrema politización, el extraño pelaje de sus miembros y el uso que se le ha otorgado y que le ha catapultado a sorprendente cabeza del organigrama jurídico Se necesita una reconstrucción urgente de cometidos. Y un lavado de cara.


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