Opinión

Relaciones personales

P or alguna razón que intuyo pero que silencio prudentemente, a lo largo de dos siglos de convivencia entre la Monarquía y el poder político, la Corona siempre se ha llevado mejor con gabinetes de centro izquierda que con gabinetes de centro derecha, y existen pruebas abundantes que respaldan dan delicado razonamiento. Este aparente despropósito comenzó a implantarse durante los gobiernos que siguieron a la muerte de Fernando VII, y ha sido norma fija aunque no escrita en tiempos posteriores hasta nuestros días en los que la regla se sigue manifestando con entera normalidad como si se tratara de un precepto constitucional. La Reina María Cristina de Habsburgo -una mujer virtuosa hasta la extenuación, católica ferviente, de modales exquisitos y talante inflexible y severo- tuvo una relación de complicidad y amistad verdadera con Sagasta mientras no aguantaba a un Cánovas que le caía profundamente antipático. E igual le había pasado a Amadeo I con Manolo Ruiz Zorrilla al que respetaba y quería, e igual le pasó a Alfonso XIII con Antonio Maura, con el que nunca consiguió mantener una relación razonable ni amistosa.

A Don Juan Carlos también le ha ocurrido, y se ha llevado mucho mejor en el plano personal con Felipe González y Zapatero que con Aznar, si bien en este extraño mundo de querencias convendría sugerir que Felipe y Margaret Thatcher se profesaban mutuo afecto mientras que Aznar mantuvo y sigue manteniendo una excelente sintonía con Tony Blair. Ahora a Don Juan Carlos le toca entenderse de nuevo con un presidente de centro derecha, y no parece vano intuir que su relación personal con Rajoy no va a ser buena. Algún día trataremos de desentrañar este misterio.

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