El referéndum como coartada

El referéndum como coartada

Someter cualquier decisión política a los resultados de un referéndum es una práctica en mi opinión altamente nociva que en lugar de enaltecer la práctica democrática en realidad la degrada. Los representantes políticos se eligen precisamente para que tomen decisiones, y en ellos deposita el votante su confianza para que esas decisiones que necesariamente tiene que asumir sean sinceras y acertadas. Gobernar es una ciencia muy difícil para la que no todo el mundo está preparado –yo las he pasado de a kilo siendo presidente de la comunidad de vecinos de mi edificio y en realidad no soy capaz de gobernar ni el descansillo de mi propia casa- de modo que aquellos que eligen libremente introducirse en el complejo mundo de la política deben reflexionar antes muy profundamente y con muchísimo rigor si están preparados para hacerlo porque gobernar no es cosa de broma.
La insensatez de Unidas Podemos entreverada por su formación de penenes universitarios, parece empujar a sus líderes al planteamiento de un referéndum cada vez que han de determinarse en cualquier cosa. Pero si bien el último de los escenificados constituía un verdadero recital de ridículo cuando se planteó a las bases si el líder Pablo Iglesias debería dimitir o podría quedarse tras la adquisición de una vivienda de lujo en la sierra madrileña,  el que se plantea ahora más que nada es dramático. En verdad, aquella traca de consultas a las bases que marcaron las reuniones de Vistalegre 2 en las que Iglesias se aseguró el poder completo e inició su nuevo estatus cortando las cabelleras de todo aquel que se le pusiera por delante, al fin y el cabo afectaban a su partido y a sus militantes. Personalmente me parecieron un remedo algo zafio del viejo soviet, pero entendí que era cosa suya y que ellos sabrían lo que estaban haciendo… Pero este referéndum que Iglesias plantea es una vergüenza, proclama la endeblez de su liderazgo, la inconsistencia de su pensamiento y la fragilidad de su capacidad política. Suena bochornoso.
Estamos en un país difícil de gobernar y necesitado de mujeres y hombres practicantes del juego político con honestidad, capacidad, entereza, generosidad, criterio firme y preparación. Yo, francamente no los encuentro. Y en Unidas Podemos, menos todavía.