Qué bien lo estamos pasando

Qué bien lo estamos pasando

Para completa desventura de los periodistas, el público en general acude a nosotros suponiendo –benditos sean ellos- que nosotros estamos mejor informados que todos los demás, aquellos que forman, para que nos entendamos, el resto del género humano. “Con este cisco que hay montado –suelen sospechar muchos de ellos- no os aburriréis  ni un día”. La verdad pura y desnuda es que ni nosotros sabemos más que el resto y mucho menos en este ámbito de enfermizo hermetismo en el que han resuelto encerrarse los líderes de los partidos políticos que dirimen el próximo ocupante de la Moncloa, ni nos divertimos pulsando un escenario como el que la clase política que nos representa nos ha preparado. El escenario en el que desempeñan su profesión los periodistas especializados en información política está tan antipático y los propios profesionales que en él se desempeñan están tan trincados por la influencia de aquellos cuyos comportamientos tienen que narrar, que no puede imaginar un ámbito más desagradable y enrarecido. Con una particularidad. La situación de interinidad que define el hoy equipo de gobierno no hace otra cosa que complicar hasta el límite  el teatro de operaciones. Tenemos además un presidente en funciones que no quiere saber que no es otra cosa que eso. Ha  ninguneado al Rey, ha fijado a su criterio el día que quiere someterse a la sesión de investidura, y ha trazado según su propio criterio, el calendario a seguir en el caso de que no le salga la jugada. La señora Celaá sigue tirando de ruedas de prensa parecidas a las que hacía cuando se convocaron las elecciones, y todo el mundo parece dispuesto a tragar por lo que haga falta y plegarse a lo que determine este jefe de Gobierno en funciones que lleva tres meses mareando la perdiz. Felipe VI está demostrando una paciencia a prueba de bomba, pero incluso para un personaje tan conciliador y prudente como el monarca, la paciencia tiene un límite. Se hartará alguna vez, digo yo,  y procederá a  imponer la hoja de ruta institucional que él determine y que le permite la Constitución y no la que ha decidido establecer quien en estos momentos no es otra cosa que el cabeza de lista del partido más votado a quien el monarca ha encargado formar Gobierno si es que puede. Y si no puede, que pase el siguiente.