Opinión

LOS PRINCIPIOS PRINCIPALES

Salvo los recalcitrantes tigres de Bengala del autonomismo extremo que nunca atienden a razones y se han empecinado en anteponer los cartuchos gastados de su eterno discurso a la realidad palmaria de la situación vivida, el españolito medio que poco entiende de agravios comparativos y leyes viejas ha llegado a la misma conclusión a la que parece haber llegado Montoro. Que el régimen de las Autonomías tal y como está planteado no puede sostenerse ni medio año más, y que no hay más remedio que reconsiderarlo, reconducirlo, reorganizarlo y otorgarle el peso específico que merece sin dejarse la piel a tiras defendiendo la teoría que sigue manteniendo vivo un nacionalismo imperdonable hijo del hambre lobuna, la intolerancia, la insolidaridad y el repetido truco de la insaciable exigencia. Está por ver si nos vamos a salvar de ésta o si la situación planteada desde hace tiempo y nunca bien resuelta, los Presupuestos que no contentan a nadie, la presión incalificable de los mercados y otros detalles sin importancia van a terminar abocándonos a la intervención, pero lo que sí parece indudable es que, en este disparatado escenario, abogar por la independencia primando intereses particulares a los generales de una nación soberana pasándolas canutas no sólo es un vicio muy malo sino que no tiene ni disculpa ni perdón.


Por eso, en estos momentos más que ningún otro debería imponerse el buen sentido, la generosidad y una cierta condición liberal y amplia de miras y talante que es precisamente todo lo que le falta a los nacionalismos. Pensar que el país está como está, Europa es lo que es, y los vascos siguen empeñados en los ajados principios del Aberri Eguna da mucho que pensar y reactiva la melancolía.

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