Opinión

PETICIONES DEL OYENTE

La profunda transformación social que ha sufrido este mundo del nuevo milenio ha cogido a ETA con el paso cambiado empecinada en los viejos presupuestos consecuencia directa del carlismo, aunque los feroces gudaris que han nutrido sus filas y especialmente sus dirigentes no tienen la vergüenza y la dignidad de aceptar el hecho como verdad histórica. El nacionalismo vasco es en realidad una consecuencia de su vocación apostólica de boina roja y detente bala cruzado al pecho para orillar los mosquetazos de la tropa cristina, y procede en verdad de anteayer no como pasa en la desorientada Asturias cuyas raíces nacionales son del tiempo de don Pelayo. Tengámoslo claro.


En ETA han comprendido que la situación no está para seguir manteniéndose cautiva y embobada por un aroma romántico en el que alguno picó en su momento pero en el que todos han dejado de creer ante la evidencia del crimen, la extorsión, la sangre y el desastre sembrado. Y se apresta a introducir un cambio táctico que propone al mundo el diálogo abierto y sincero en la consecución de un proceso de paz necesario. A los aguerridos muchachotes de la pistola y el antifaz les está superando como un alud no sólo la excelente tarea de jueces y policías, sino la trascendencia de otros aspectos de la vida cotidiana como la presión de los mercados, la ascensión de la prima de riesgo y la necesidad de sufrir una crisis que probablemente afecta a los pocos etarras que quedan tanto como a los demás.


De negociar va la propuesta ahora. Edulcorada, imprecisa y vacilante da la impresión, pero angustiada y persistente. La solución es fácil. Rendición incondicional, reconocimiento del delito y su cumplimiento judicial, y luego ya veremos.

Te puede interesar