Opinión

PERSPECTIVA HISTÓRICA

Cumplir años no debería ser tan malo e incluso aplicando un razonamiento positivista de una cuestión tan peliaguda se pueden extraer de ello reflexiones hermosas. Existe un razonamiento muy extendido por el que se interpreta que si uno cumple años es que ha llegado hasta allí, y por tanto ha sido capaz de caminar por la vida más de lo que muchos otros han podido caminar. Es la solución breve, sucinta y optimista del 'que me quiten lo bailao' a la que aquellos que vamos arrancando hojas del calendario y cada vez nos mengua más el taco, nos acogemos con insistencia porque es opción mucho más gratificante que aquella que te canta al oído el argumento incontrovertible de que el final está cada vez más cercano.


Plantear el paso del tiempo y el cumplimiento de la edad respondiendo a la parábola de la botella medio llena o medio vacía, es propia de humanos: de sensaciones, de inteligencia y de estado de ánimo. Pero lo cierto es que, una vez se van subiendo los ciclos a la chepa, uno se da cuenta de repente de que está a veinticinco, treinta o cincuenta años de casi todo lo que ha vivido y ha dado sentido y sentimiento a su pasado, y comprende, no sin pesadumbre, que se ha convertido en testigo presencial de hechos que ya sólo se narran en los compendios de Historia, lo que propone una sensación agridulce a caballo entre la satisfacción de la experiencia acumulada y el dolor de la juventud perdida. Por poner un ejemplo, hace medio siglo que se casaron los Reyes y hasta yo me acuerdo. Ellos no, claro, porque no pueden celebrar lo que ha precipitado una situación tan lastimosa sabiendo además que todo el mundo está al tanto del desaguisado. La boda real existió, claro. Pero también es ya historia.


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