Opinión

LOS PERSONAJES CLÍNEX

Como a casi todas las personas salvo que uno tenga adormecida la vena sensible, los juguetes rotos me producen una desolación incurable quizá porque uno se imagina la posibilidad de serlo algún día y terminar tirado como una colilla más solo que la una. La televisión y especialmente la de los noventa, se nutrió en gran medida con la presencia de personajes de usar y tirar a los que los controvertidos programas populistas usualmente de gran audiencia utilizaron del mismo modo que los pañuelos de bolsillo, que van al cesto una vez cumplida su misión de sonar cualquier nariz. Se ha muerto, eso dicen los diarios de ayer, un pobre desgraciado al que 'Crónicas marcianas' uso como esperpéntico bufón al más deleznable estilo cortesano, un supuesto humorista llamado Manolito Reyes, al que se bautizó con el eufemístico sobrenombre de 'Pozí', de la misma camada que Risitas, su cuñado o Cañita Brava, todos ellos tristes fenómenos de feria y parientes lejanos del hombre pez y la mujer barbuda, de los que nadie sabe de su suerte salvo si se mueren que también es tristeza. Pozí, desgraciado payaso de las bofetadas en un ambiente sin corazón, se ha ido en el olvido y en una residencia de ancianos de Vejer de la Frontera, sin compañía, sin cariño, sin consuelo y sin un duro, soñando, supongo, con aquellos momentos en los que fue prisionero de la efímera gloria. Dicen las crónicas que el único que le ha echado una mano fue Javier Cárdenas, el joven reportero cazador de talentos marginales que le llevó al programa. Él le busco el tibio acomodo del asilo porque a los demás camaradas de popularidad pasada su suerte se les da una higa. Lo de la filosofía del perdedor está muy bien salvo que a uno le toque serlo.

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