El peligroso ex presidente

El peligroso ex presidente

Seguramente existen muchas cuestiones que reprochar a Mariano Rajoy en su condición de presidente del Gobierno. La conclusión de su mandato, por ejemplo, es un episodio sainetero que apenas si puede explicarse salvo que uno entienda que Rajoy estaba hasta la coronilla de la Moncloa y se veía venir una España prácticamente ingobernable en la que el problema catalán adquiriría dimensiones inéditas como de hecho ha sido. Existen naturalmente otros reproches que se le pueden formular y que estoy seguro Rajoy reconoce a estas alturas en las que es un ciudadano completamente al margen de la política, dedicado apaciblemente a su profesión y desligado de todo el fragor que define la vida parlamentaria a estas alturas de la película.
Pero nadie podrá recriminarle ni la más mínima tentación de intervenir en los territorios que no le corresponden, una reprobable costumbre que distingue a la mayor parte de sus antecesores como acaba de demostrar un reincidente Zapatero hace un par de días. Zapatero fue un mal presidente pero está siendo un ex presidente aún peor, siguiendo la estela abierta por Aznar y Felipe González. Los tres le deben una no despreciable parte de sus saneados ingresos al manejo de su condición de ex presidentes, y los tres se caracterizan por intervenir, medrar, influir, aconsejar y dar doctrina. En ocasiones, este comportamiento apenas tiene otra incidencia en la vida pública que el doloroso ridículo. Otras veces es tan desafortunada que merecería la toma de ciertas medidas correctivas. Zapatero es el prototipo de interventor insufrible. Cuenta sus apariciones por meteduras de pata y ha protagonizado algunas que bordean peligrosamente la legalidad vigente. Si hace algún tiempo tomó la decisión de reunirse por propia iniciativa con ex etarras desempeñando competencias que no le corresponden, últimamente se ha inmiscuido en el problema catalán. Ha mantenido conversaciones con Oriol Junqueras y se ha permitido expresar en la radio autonómica catalana la conveniencia de que el tribunal que juzga a los reos independentistas dicte sentencias que no entorpezcan el diálogo. Recomienda un indulto para ser precisos. La ha montado aquí, en Venezuela, en Argentina, y donde quiera que abre el pico. Hora es darle un aviso serio a ver si se va a su casa y nos deja en paz.