Opinión

Parejas en la distancia

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Parejas en la distancia

La  historia -la doméstica y la otra- está llena de parejas capaces de alcanzar niveles extremos de efectivos resultados y merecida popularidad a partir de un trato personal bien inexistente o bien incluso desastroso. Son parejas históricas que consiguieron orillar su antipatía mutua y su nula empatía en aras de la consecución de una tarea común que beneficiaba no solo a ambos sino al resto del género humano. Cánovas y Sagasta nunca disfrutaron de la menos sintonía personal. Antonio Cánovas era un chispeante e ilustrado malagueño con cuyos chistes la gente se partía de risa en ambientes privados, mientras Práxedes Sagasta era un riojano adusto y masón,  ingeniero de Caminos  que sonreía poco y mal. Pero ambos llegaron a un compromiso, fueron leales el uno con el otro y antepusieron las necesidades del país a sus gustos y emociones. Ginger Rogers y Fred Astaire acudían al plató como quien acude a la mina, apenas se saludaban, rodaban las escenas que tocara, se marcaban los bailes que correspondían a la banda sonora, se daban de mala gana los besos que figuraban en el guión, y cada cual se marchaba por su lado. Qué decir de dos amigos fraternos de la adolescencia como John Lennon y Paul McCartney que terminaron en los tribunales, despreciándose e insultándose el uno al otro en la distancia. Michel y Hugo Sánchez no se dirigían la palabra, y el primero convirtió al segundo en un goleador histórico y el segundo hizo del primero un centrador inigualable. Reñidos  en el vestuario y sin poder soportarse, formaron una pareja demoledora que catapultó al Madrid a cotas extraordinarias. Ambos dicen que ahora se llevan bien pero reconocen que no se podían ver cuando ambos jugaban. Y no olvidemos a Paul Simon y Art Garfunkel, la pareja peor avenida del pop universal, fructífera simbiosis musical construida en torno a dos sujetos que no se soportaban.

¿Habría alguna posibilidad de que los máximos responsables de la política nacional, jefes a su vez de las formaciones políticas presentes en el hemiciclo tomaran nota de estos ejemplos elegidos al azar? ¿Sería posible que se comportaran con sentido común y generosidad, aparcaran sus desavenencias y se plantearan en clave de consenso la construcción del futuro en tiempos de pandemia y lo que vendrá después?

Sospecho que no. Que no van a escribir juntos otro “Bridge over troubled waters”.

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