Opinión

LA ÓPERA ROCK DE LA EXPROPIACIÓN

La escalada de populismo zarzuelero y nacionalismo trasnochado que avanza en un amplio abanico de países del continente americano, alcanzaba el lunes cotas difícilmente superables con la nacionalización forzosa de una filial petrolera española propiedad mayoritaria de Repsol que ha sido expropiada apelando a todos los repugnantes conceptos que esta élite gobernante pretende imponer con tácticas viejas y apariencia nueva. La ceremonia de la confusión recreada por el Gobierno argentino, con matones pagados que invaden la sede de la empresa, descamisados tomando la calle y aullando a coro contra la amenaza colonial española, y ese despliegue costumbrista de medio pelo con estética de ópera rock y modales de fascismo a la luz de la antorchas, debería transmitir profunda inquietud más allá del resultado práctico del robo con alevosía cometido por unos dirigentes populares capaces de enajenar un pueblo que se comportó de igual modo cuando fue movilizado y acudió a matar ingleses entonando apasionados cantos como si en lugar de acudir al frente lo hiciera a la grada para animar a la albiceleste en una final de la Copa del Mundo. El regreso fue atroz.


Cristina Fernández, que es de plástico fino y tiene el rostro tumefacto de tanta cirugía, es la nueva Evita. Pero si Evita se murió antes que su marido y su momia anduvo dando vueltas por medio mundo incluyendo un chalé de La Moraleja, en este caso, el que se fue por delante era el marido. Y su viuda se recoge en esta hora cumbre para recordarle con ternura. Tras atracarnos, Cristina eleva los ojos al cielo y confiesa que esta expropiación se la dedica a su esposo que la ayuda desde el cielo. Un delirio Y mientras, Obama y la UE, sin inmutarse.


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