Opinión

LA MÚSICA MISTERIOSA

Un libro de aparición reciente redactado por una periodista italiana que posee al mismo tiempo una nada desdeñable formación científica ?no es frecuente que así sea todo hay que decirlo porque los periodistas disertamos alegremente de todo sin ser peritos en nada- trata de explicar por qué la música es una fuente interminable de satisfacción universal cuya influencia ni siquiera el paso del tiempo es capaz de atemperar. El hecho musical transmite profundas emociones que son idénticas hoy que hace cuatro siglos, e incluso lo natural y comúnmente aceptado es que nos emocione con idéntica intensidad una música creada en el siglo XVI que otra compuesta en el siglo XX. Un ciudadano medio puede sentirse conmovido hasta las entrañas y al mismo tiempo por un canto gregoriano o por una canción de los Beatles. Con frecuencia me pregunto si el segundo ejemplo sería posible sin que se hubiera producido el primero y sospecho que la universalidad de la música se debe precisamente a esa interdependencia que permite concatenar estilos, tradiciones e incluso hallazgos armónicos en función de una cadena de influencias recibidas y trasmitidas que se solapan unos con otros.


El libro concluye sin ofrecer soluciones a pesar de comportarse con exquisito y documentado rigor. Pero eso apenas constituye sorpresa. La ciencia alcanza para diagnosticar que los tonos mayores transmiten luz y felicidad mientras que los tonos menores inspiran melancolía, pero si bien se conocen los principios bioquímicos que precipitan esos estados ya de postración ya de ánimo, el verdadero motivo de estas reacciones se desconoce. Y ojala así siga. Algunas cosas habrán de pertenecer al espíritu, y la música es una de ellas.

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