Montados en el péndulo

Montados en el péndulo

Cuando estas líneas estén en la calle, los presidentes de cada uno de los colegios electorales distribuidos por toda la geografía española estarán iniciando el procedimiento para dar comienzo al acto de votar, en una jornada en la que muchas de las demarcaciones van a participar en tres comicios distintos. En un número determinado de ellas se votan autonómicas, europeas y municipales. Los analistas políticos sospechan que, en realidad, lo que el ciudadano está votando en este caso es una segunda vuelta de las generales. Yo no lo tengo tan claro, pero no estoy en condiciones ni con deseos de litigar. El reparto de representación parlamentaria giró apreciablemente a la izquierda y convirtió un partido en trance de desintegrarse en otro triunfal. Por algún motivo cuyas raíces más íntimas los politólogos no se han atrevido a desentrañar, el PSOE ha pasado de estar en riesgo cierto de desaparición a consolidarse en la Moncloa y, por tanto, en las dos Cámaras. Falta saber si ese espectacular efecto de ascenso va a mantenerse en esta consulta. Si es así – y todas las encuestas parecen indicarlo- recuperará en abundancia todo el poder político mientras quien lo ostentaba hasta ahora, el PP, se desbarata. No tengo ni la menor idea de cómo se puede producir este fenómeno que no es nuevo en el comportamiento sociológico de los españoles. No viene mal recordar que fue al inexperto general Dámaso Berenguer al que se le ocurrió plantear un experimento para calibrar cómo estaba de repartido el país, y para ello convocó unas elecciones municipales. Le salió el tiro por la culata, aunque las circunstancias en las que se produjo el cambio de Régimen proponen también incontables y nunca bien esclarecidas adivinanzas. El caso es que España se acostó monárquica y se levantó republicana. Muchos de los que unos meses antes habían aplaudido calurosamente al rey ahora aplaudían calurosamente su huida. La República no ganó las elecciones pero se las arregló para obtener de ellas un jugoso rédito y gobernarlas. Llevamos tantos años sentados encima de un péndulo que, una oscilación más no puede sorprender a nadie. El principio de un régimen republican anterior (1873-1874) no fue menos delirante que el que le sucedió en 1931. Y recuérdese también. Antes de morir Franco, miles de personas se concentraron en la Plaza de Oriente para homenajearlo, y cuando se murió, las colas de despedida daban varias vueltas al Palacio Real. Dos días después, nadie era ya de Franco. En ese país estamos.