Opinión

MÁS SABE EL DIABLO POR VIEJO

A sus noventa y ocho años y con un cigarrillo en la boca, Santiago Carrillo sigue siendo igualmente lúcido e igualmente consciente como lo fue antaño, a pesar de sus múltiples desamores con el partido en el que se hizo mayor y a pesar de los avatares que han sembrado una larga y fructuosa vida a la que el veterano político desea poner digno broche a pesar de los deseos de ciertos sectores de la sociedad española empeñados, respondiendo a contrapuestos deseos, en no permitirlo.


No quiere Carrillo con buen criterio poner en valor dos aspectos fundamentales de la actividad política e institucional del país. En primer lugar, no quiere ni oír hablar de una tercera República, y en segundo lugar, no desea de ninguna manera que se investiguen aspectos relacionados con la Guerra Civil, quizá porque interpreta que la reconciliación es cosa hecha y bien hecha, o quizá porque no aspira a que ciertos episodios oscuros de su pasado como dirigente en el turbulento Madrid republicano le salgan definitivamente al camino y le estropeen su bien ganada posición de dignidad y respeto. El viejo comunista, expulsado de un PCE que contribuyó generosamente a civilizar, confesaba el otro día que si el famoso Golpe de Estado fallido del 23-F se hubiera llevado a cabo en unas Cortes republicanas, éstas ya no existirían y esa República se habría extinguido por vía de apremio. Carrillo está convencido también de que en la situación actual el debate Monarquía-República está de más y no es ni eficaz ni prudente plantearlo. Dentro de unos años quizá. Ahora, de ninguna manera?


Lo malo de los políticos actuales es que han perdido esgrima, cintura, perspicacia y grandeza. No como los de antes, dónde va a parar.

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