Los hijos bravos

Como no todo va a ser política afortunadamente y en verano todos los gatos son pardos (por el sol más que nada), ha venido la Justicia a  reconocerle a Julio Iglesias un hijo bravo. Julio no ha sido de moverse mucho en el escenario. Hijo de ginecólogo gallego y promesa en ciernes del balompié hispano, un accidente de tráfico truncó su carrera deportiva cuando jugaba de portero en los juveniles del Real Madrid, y para no aburrirse en la convalecencia pidió que le regalaran una guitarra. Así inició una carrera musical que ha llegado a lo más alto, repitiéndose a sí mismo e incluso parodiándose. Desde que su casa discográfica decidió presentarlo al festival de Benidorm cantando una canción propia –“La vida sigue igual” para ser exactos- no se ha apeado del traje blanco. Así salió por primera vez a escena y así ha seguido durante medio siglo, una mano en el esternón y otra empuñando el micro, dando dos pasos a la izquierda y uno a la derecha mientras mostraba su perfil derecho, el más favorecedor según opinión propia, desde Miami a todo el orbe cristiano (y no cristiano también). Pero si Julio ha basado su presencia en los escenarios de todo el mundo basándose en el inalterable principio de cantar parado al contrario de otros muchos artistas de éxito que parecían sufrir descargas de alto voltaje subidos sobre las tablas –caso de Axl Rose o Angus Young por poner ejemplos- en otros aspectos de la vida, hay que reconocer que se ha meneado de lo lindo. Prueba de ello es este descendiente que lleva años sugiriendo modestamente su condición de hijo del ídolo, una causa que se ha tomado verdaderamente en serio su señora madre y al que los tribunales han acabado por otorgar la razón como un día hicieron con el barbudo y elegante caballero don Leandro, hijo de la actriz Carmencita Díaz de Moragas al que acabaron otorgando la razón y su reconocimiento como infante de España porque su padre fue Alfonso XIII quien, como buen ejemplar de la dinastía reinante, dejó un largo reguero de hijos bravos siguiendo en todo el ejemplo de su padre, Alfonso XII, quien tampoco perdió el tiempo en este controvertido asunto de las paternidades.