Opinión

LÍBRENOS DIOS DE LOS IDIOTAS

Líbrenos Dios de los idiotas porque esos son los que te pueden causar un daño irreparable. Se cuenta que en 1843, el actor Julián Romea tuvo una abrupta discusión con el crítico teatral Ignacio Escobar que le acababa de poner a parir en el periódico, y ambos se retaron a pistola en el campo el honor sin que ninguno de ellos tuviera la menor idea de cómo se manejaba un arma de fuego. Los tiempos románticos eran así, qué se le va a hacer, y aquel par de insensatos se dio cita en una campa en compañía de sus padrinos uno de los cuáles, que ejercía del lado del actor, era el general Juan Prim que le tenía por gran amigo. Se estableció el ritual, se contaron los pasos y procedieron a disparar por turnos, pero ambos eran tan malos tiradores que ninguno de los dos se hizo el menor daño. Desgraciadamente, Romea acabó pegándole un tiro a uno de los padrinos de su rival a resultas del cuál falleció allí mismo el pobre desventurado.


Esta anécdota grotesca que incitaría a la carcajada si no fuera por el extremo dramatismo del lance y la vida truncada de aquel pobre señor que aceptó el cargo de padrino en un duelo protagonizado por dos botarates incompetentes, no es única en un país como el propio en el que sucesos entre la caricatura y el horror han formado parte de nuestra propia cultura y siguen marcando paquete en este nuevo siglo de tan triste figura cuajado de truhanes, pícaros, comediantes, bachilleres, timadores, gorrones y aprovechados que hubieran hecho las delicias de Quevedo aunque era Quevedo un sujeto que solía lavar la honra con la espada de forma habitual, y éste sí que sabía cómo usarla. Son los tontos los que más molan hoy. El Ribó éste es tonto y ya ven. Ay si lo trinca Quevedo.


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