Opinión

La Canción del Verano

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La Canción del Verano

Los veranos de ahora no son tan distintos a los de antes y aunque muchos no lo crean, en vacaciones, en la costa o en la montaña, se hacía prácticamente lo mismo de lo que se hace ahora con la salvedad de que ahora, para nuestra completa desgracia, no hay lo que se llamaba antaño “Canción de Verano” y por tanto ya no podemos disfrutar de las creaciones que determinados autores preparaban para la ocasión y que nos alegraban la playa, las noches hasta las tantas y las verbenas populares. Estamos condenados a atravesar los tres meses largos que dura la estación sin la reconfortante compañía de Georgie Dan, Fórmula V, los Diablos o la simpar Raffaella Carrà -una de esas mujeres maravillosas que si no existiera había que inventarla- o como mal menor escuchar esas infamias que se escuchan ahora con ritmo caribeño, acordes calcados y letras insoportablemente machistas. Sospecho que es peor el remedio que la enfermedad y yo he resuelto que prefiero pasar el verano sin escuchar ni una sola nota musical antes de entregarme a la satánica influencia de esas aberraciones que tanto les gustan a los jóvenes.
Sé que muchos puristas no me lo perdonarán, pero yo estoy absolutamente convencido de que la Canción del Verano era un plus de originalidad y diversión que hacía mejores esos meses mejores. Yo entonces era un mocito espigado y bigotudo de melena al viento, cuyo ligero parecido con el vocalista de los Módulos o el bajista de los Payos –todos nos parecíamos entre nosotros- y una cierta habilidad para tocar la guitarra -incluso en la incomodidad evidente de la arena a las tantas de la madrugada- me granjearon algunos éxitos estivales. Tocaba de oído, y nadie se fijaba mucho si los acordes eran los que cumplían o yo me los estaba inventando, y por lo tanto, el análisis crítico que todos podíamos hacer de aquellos temas veraniegos era muy liviano. Hoy, mil años después y amparado en una tecnología sónica desbordante, me he propuesto escuchar de nuevo “Un rayo de sol”, La caza”, “María Isabel” o “Eva María se fue” y me he dado cuenta de que son canciones de excelente producción, muy bien hechas y muy bien interpretadas. Que tienen muy poco de hortera y que detrás de todos aquellos números verbeneros había talento a mansalva. Música de la buena, músicos estupendos y mucha marcha. Que se sepa.