Opinión

LA ITALIA DEL RECELO

Tengo un buen amigo italiano al que le sorprende mucho que no conozca Italia y yo le entiendo. Un tipo como yo, al que le mola el asunto cultural y posee cierta preparación que le capacita para resolver crucigramas, no debería despedirse del mundo sin conocer un país emblemático, atiborrado de arte y pensamiento, cuna de divinos pintores y escultores, músicos extraordinarios, científicos del más alto nivel, escritores de talento, realizadores cinematográficos, actrices, actores, futbolistas, grandes de la canción popular y todo un amplio compendio de ciudadanos de primera división que hacen que un país así deba ser disfrutado, si bien en los momentos actuales bastante tiene uno con sacar adelante sus asuntos domésticos como para andar especulando sobre un idílico viaje al corazón de la Toscana.


Pero sabido es también que, en su proyección exterior, Italia transmite una cierta desconfianza que a menudo interesa su credibilidad y pone en cuarentena la solvencia moral de su carácter tal es el daño que le han causado a la nación algunos de los suyos más infectos. Si bien es cierto que una tierra que ha dado al mundo gentes como Rafael, Leonardo, Boccherini, Verdi, Fermi, D'Anuzzio, Fellini, Mazzola, Celentano o Sofía Loren tiene que ser forzosamente una tierra espléndida, se enfrenta cada tanto a individuos de ambos sexos con la suficiente capacidad de generar desprestigio como para demoler de una sola sentada todo el respeto que inspiran personalidades de la talla, y la autoridad moral de los citados. Ahora le ha tocado esta tarea de implacable erosión al capitán del 'Costa Concordia', el villano del mes y aún del año si se me apura. 'Vada a bordo, cazzo'. Berlusconi no caminará solo.

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