Opinión

INVERSIÓN REPARADORA

Gracias a la famosa intervención restauradora que ha hecho de María Teresa Fernández de la Vega una debutante, hemos sabido también que la vicepresidenta y actual consejera de Estado percibe una pensión vitalicia de 69.000 eurazos de vellón, de los que ha invertido unos 12.000 en ponerse en manos de un acreditado especialista que ha cumplido su objetivo como un campeón. De la Fernández de la Vega que despidió Zapatero por imperativo categórico asegurando eso sí el porvenir de su fidelísima escudera hasta que más no se pudo ?dicen que los papeles de WikiLeaks tuvieron la culpa de este necesario apartamiento- a la que hoy apadrina su ingreso en el Consejo hay la misma diferencia que la que existe entre el yo mismo de ayer por la mañana y el que inició la mili en un campamento de Colmenar Viejo.


Fernández de la Vega tiene todo el derecho del mundo de gastarse su dinero en lo que le de la gana, y si ha resuelto destinar una parte a tan milagrosa reconstrucción facial capaz de borrarle de un golpe treinta años de existencia, nadie puede poner reparo alguno. Lo que ya resulta más dudoso es el carácter, frecuencia y dimensión de ese estipendio del que gozan aquellos políticos que se retiran y que el país, en sus actuales circunstancias, en modo alguno puede financiar. La reforma laboral que se anuncia como parte especialmente necesaria de un catálogo de medidas de gran dureza que van a estrangular más aún de lo que está ya el español de a pie, ha de complementarse necesariamente con una revisión imprescindible del compendio de privilegios de los que disfrutan los políticos, sobre todo los de alta graduación. La ex vicepresidenta y una larga recua más. Esto no es presentable.

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