Opinión

LOS HIJOS DE SUS PADRES (Y MADRES)

Quizá el argumento más solvente para demostrarle a uno que su tiempo ya no es el suyo y que pertenece a los que vienen detrás es aquel que demuestra que tus vástagos son mucho más populares que tú mismo, un fenómeno que se produce indefectiblemente en el ámbito que uno sospechaba dominar hasta que alguien, al saludarte, añade como un maldito susurro que atenaza el corazón. 'Ah, entonces usted debe ser el padre de?.' Y uno se observa con especial atención la punta de los zapatos y acaba reconociendo que, en efecto así es, y que hay que rendirse a la evidencia. Personalmente hace tiempo que ya he probado el sabor agridulce de esta incomparable experiencia y estoy habituado. Mis hijos son mucho más conocidos y tenidos en cuenta que su padre y, al fin y al cabo, la situación reconoce de forma implícita un apreciable acierto en el trabajo paternal así que no hay que inquietarse más que lo indispensable.


Abordo esta reflexión tras conocer que será Stella McCartney, hija de un ínclito padre como casi nadie ignora, la diseñadora que vestirá a los atletas británicos en los Juegos Olímpicos de Londres en su condición de estrella irrefutable de la moda internacional. Mi hija, que es de ese gremio y es también cuarenta veces más popular y conocida que su decrépito progenitor, dice que Stella McCartney es su diosa como su padre el bajista lo sigue siendo para mí, de lo que se infiere que unos van para arriba y otros estamos de retirada. No es trágico ni fatal si no simplemente ley de vida Como dice el saber popular, 'las hijas de las madres que amé tanto, están de espanto'. Ahora bien, aquí, entre nosotros he de confesar que los diseños olímpicos de Stella no acaban de convencerme.


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