Opinión

Gracias Paco

Hay un viejo chiste de boxeo en el que se cuenta cómo un joven pugilista al que le estaban atizando de lo lindo, se derrumba en su banqueta al final del tercer asalto y ruega a su preparador que lance la toalla de una maldita vez. “Que no puedo más, don Matías, que este tío me mata”, “Pero hombre, –le responde a su vez el manager- pero si ni te ha tocado, si le están ganando claramente a los puntos”. El boxeador lo mira con el único ojo por el que puede mirar todavía y replica modestamente: “Entonces, don Matías que suspendan la pelea porque el que me está pegando es el árbitro”.
 El chiste se lo contaba yo a Paco Amoedo en una de las muchas ocasiones en las que le acompañé en el gimnasio y Paco se descojonaba de la risa por los adentros, torciendo el bigote  hacia la zurda como el acostumbraba a hacer con las muchas cosas que le daban risa. Paco no solo era el mejor entrenador de boxeadores de Europa con el permiso  de Renzo Casadei, y el que más sabía en el mundo de boxeo después de Joe Louis, sino que era un hombre ejemplar, sensible, sabio y maravilloso en cuya compañía uno no solo aprendía de pugilismo sino de las cosas de la vida. Tener un  maestro cerca como yo tuve a Paco es una ventaja y un privilegio además de un honor inmerecido, porque nada hay más saludable  ni más ventajoso que contar con la complicidad y el cariño de un hombre de bien, inteligente y comprensivo, socarrón y más gallego con un manojo de grelos en temporada. Paco era así.  Un personaje entrañable, guasón y divertido, con tanta bondad natural  a bordo que después de haber compartido con él un botellín de cerveza fresquito y una hora de cháchara, se marchaba a casa pensando que si había gente en el mundo como él, el mundo no podía ser tan malo.
Se nos ha ido a enseñar a boxear a los santos de por ahí arriba dejándonos a todos derrotados por K.O técnico. Se va a encontrar, es cierto, con Luis Folledo, Ben Alí, Pedro Carrasco, Urtaín y tantos otros que le tuvieron como ejemplo y que ya no están con nosotros aunque, por fortuna, muchos de los integrantes de la generación de oro del cuadrilátero nacional siguen afortunadamente con vida recordándonos todo lo que de noble, de sensible, de honrado y de  admirable tiene el arte del pugilismo. Paco fue uno de sus guías Nuestro guía. Y mi hermoso amigo. Gracias por todo, maestro.
 

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