Opinión

FRAGA Y LOS DE LA PLUMA

No creo que exista ningún periodista en este país que no pueda contar una anécdota relacionada con Fraga, probablemente uno de los políticos de mayor peso específico de nuestra historia en el último siglo y medio. A cualquiera de nosotros le ha pasado algo para bien o para mal con Fraga. A uno le echó una bronca, a otro le colgó el teléfono, a otro le mandó callar y a la mayoría nos negó su respuesta a una pregunta inconveniente con aquel famoso 'y de esto no hay más que decir, mi querido amigo' que le caracterizó para siempre. Estas reacciones tan frecuentes que hicieron famoso a Fraga entre la clase de la pluma, se entreveraron habitualmente con otros episodios paralelos que ofrecían el rostro entrañable y próximo de una figura rotunda, comprometida, honesta y tierna con la que todos nosotros convivimos con gran intensidad. Personalmente guardo evidencias irrefutables de su proverbial sentido del humor, de su erudición avasalladora, su memoria sorprendente, su honda vena sentimental, su entrega, e incluso su interés personal y cariñoso por mi propia salud, por la que me preguntó medio año después de haber compartido cena con él y en la que, a consecuencia de cierta afección estomacal, hube de contentarme con un pescado cocido. '¿Y cómo sigue usted de su estómago? ?me dijo al verme en la siguiente cita- Hay que cuidarse mi querido Orío, hay que cuidarse' Con independencia de este rico, diverso y productivo anecdotario que permitiría llenar los tomos de una estantería completa, Fraga ha sido un personaje crucial, y así se encargará de tenerlo el futuro, que colocará su memoria en el privilegiado lugar que, por su generosidad y concepción de país y de Estado, le corresponde.

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