Escribir un libro

Escribir un libro

Escribir libros –especialmente si son buenos- no es una ocupación sencilla y no todos valen para ello, pero tampoco nos vengamos arriba los que lo hemos hecho alguna vez, porque este trabajo no te conduce irremediablemente hacia la divinidad como algunos autores ya consagrados se empeñan en suponer. Esto de la escritura se trata de un ejercicio para el que es necesaria una cierta dosis de conocimiento, pero sobre todo es necesario método. Y eso se consigue atándose a una silla delante de un ordenador y cumpliendo un riguroso horario como si uno fuera todas las mañanas a la oficina. De ocho a dos se escribe. Se redacta, se corrige, se lee, se relee, se borra y vuelta a empezar hasta que salga decente. Si uno tiene medianamente claro lo que quiere contar, tan importante como el talento es la disciplina. Como reza el viejo aforismo que todos los escritores grandes, medianos o pequeños deberíamos tener en cuenta no solo como norma de actuación sino como efectiva medicina contra el ego: “que la inspiración te pille trabajando”
Y digo esto porque llevo muchos años leyendo y escuchando opiniones de escritores de éxito en cuyo fondo subyace un acendrado culto por uno mismo que se expresa habitualmente con exigencias y peticiones constantes a la sociedad a la que se pertenecen, como si esa sociedad constituyera un ámbito hostil y desprovisto de comprensión hacia el genio que habita en las almas impares de los literatos. Con frecuencia, el escritor –en ocasiones académico que ya son lo más de lo más- proclama la necesidad de un espacio para sí mismo como si los de a pie no necesitaran también que se les construyera un refugio de vez en cuando en el que aislarse de las ferocidades cotidianas.
Antes se decía que un ser humano no era nadie en la vida ni había cumplido con su condición si no tenía un hijo, escribía un libro y plantaba un árbol y ciertamente cualquiera de esas tres condiciones guarda su miaja de complicación. Pero tampoco mitifiquemos las tareas y sobre todo, no dejemos que aquellos que lo han conseguido se consideren por encima de la media porque tampoco es eso. Por otra parte, tal y como está el universo editorial, incluso Tramp ha escrito uno. Y Pedro Sánchez.
Si bien a ellos se los escriben. Y así es más fácil.