Errores de bulto

Hace algunos años, cuando las cosas comenzaban a ponerse peludas en el hasta entonces inexplorado seno de la Familia Real, muchos de nosotros nos quedamos patidifusos cuando analizamos con un mayor detenimiento la felicitación enviada por la Zarzuela en aquellas Navidades. Era tan chapucera la confección, que en ella se citaban piernas que no tenían cuerpo, brazos  sueltos sin dueño, personajes sentados en equilibrios inestables y otras divertidas peculiaridades que convertían el tarjetón en la portada de un disco sicodélico elaborado por los miembros de un equipo de diseño fumado hasta las trancas. Al parecer, en esos momentos, la situación en palacio estaba muy deteriorada, cada uno campaba por sus respetos y fue imposible reunirlos a todos para la foto así que, hubo que apelar a los programas de ordenador. Pero los que cumplieron el encargo eran tan desastrosos que el remedio fue peor que la enfermedad.
Uno tiende a suponer que en las altas esferas este tipo de actuaciones se programan con sumo cuidado, y se encargan los trabajos a grandes agencias internacionales donde abundan los genios y las genialidades. Luego resulta que, por razones que desconocemos, la cosa de la fontanería se encaloma al primero que pasa y así se imprime después una muestra tan hilarante como la postal navideña de la Zarzuela o se encarga del espionaje a Villarejo. Fue vapuleada pero el vapuleo no ha servido al parecer como ejemplo de lo que no debe hacerse. La prueba está en Pablo Iglesias y el disparatado anuncio de su vuelta, una actuación que demuestra claramente la ausencia de reflexión y sentido común que distingue a los partidos políticos. Unidas Podemos fue siempre muy cuidadoso en el diseño gráfico y visual de sus campañas. Por eso, la propuesta exhibida para explicar que Iglesias dejaba el retiro paternal para retornar a la batalla política diaria puso los pelos como las varillas de un paraguas.
Desgraciadamente para Iglesias, el desastre de su equipo para gestionar su retorno apenas  cobra empeño si lo comparamos con las condiciones en las que vuelve, con el gallinero en plena revolución y el enemigo en casa. Su propia pareja y madre de sus hijos ha aprovechado el permiso del líder para tratar de rebanarle el pescuezo. Las desgracias nunca vienen solas.