Opinión

Entrenadores de ayer y de hoy

Los entrenadores de fútbol siempre han sido sujetos mediáticos cuya personalidad ha desbordado con frecuencia en fama y fervor popular la de sus pupilos mismos. Mientras contemplaba en televisión el triunfal encuentro del Athletic de Bilbao en Manchester, no dejaba de maravillarme por la pintoresca actitud de su técnico, un tipo en chándal y de aspecto cochambroso cuyos ademanes parecen calcados de Chiquito de la Calzada, porque se pasea con la mano en la riñonada y dando saltitos al tiempo que pisa con la puntera. Bielsa, en lugar de decir “fistro y pecador de la pradera” se lía a voces con Iturraspe para que se coloque con arreglo a sus ordenanzas, y es un sujeto atrabiliario y dispar de sobra admirado en su país Argentina, que está arreglando un equipo que parecía no tener arreglo. Un técnico huraño y genial que ya amenaza la primacía de Mou y de Guardiola, los más mediáticos de la peña.

Insisto sin embargo, en que esta elevación del llamado mister a los altares del conocimiento popular no es propio de la actualidad sino costumbre que procede de los tiempos pioneros, cuando los conjuntos nacionales decidieron otorgar el mando a expertos británicos –por ellos se les llamó “mister” a todos los entrenadores- cuyos hábitos atrabiliarios chocaron con las costumbres locales y se convirtieron en materia de comentario incesante para los periodistas. Andado el tiempo, Helenio Herrera, que pertenece a la siguiente generación, era mucho más famoso que los integrantes de las plantillas que entrenó, y además más inteligente y condenadamente hábil para emitir mensajes mediáticos que hicieron época como aquello de que se juega mejor con 10 que con 11. Va a ser que todo está inventado.


Te puede interesar