El país de vacaciones

El país de vacaciones
La interpretación demagógica dice que los economistas más enterados del mundo entero explican que nos dirigimos en ritmo de colisión hacia una nueva crisis y nuestros políticos se han ido de vacaciones cuatro meses después de una cita electoral aún no resuelta. Esas visiones amargas con las que el administrado observa el comportamiento de aquellos a los que ha elegido para que le aporten soluciones que rescaten el país de las garras del desgobierno, son comprensibles y uno siente la tentación de sumarse a ella. Pero también hay que ser justos y suponer que con renunciar a un periodo de vacaciones razonable –otra cosa es pasarse el año en ellas como les ocurre a unos cuantos de los que ocupan escaño en ambas cámaras- no se arreglan los problemas que arrastramos desde hace más tiempo del que se debiera. Las vacaciones son una conquista social relativamente reciente por más que sorprenda, y cumple decir que no todos los países –incluso supuestamente civilizados- las tienen convenientemente regladas, de modo que hay que hacer uso de ellas incluyendo entre los que están en su derecho a una clase política que, sin embargo, no ha cumplido con sus obligaciones antes de tomarlas. En un escenario veraniego como este de mediados de agosto, que los parlamentarios estén en la garita o en la playa no creo que varie sustancialmente la solución del problema. Si no han sido capaces de lograr un principio de acuerdo en cuatro meses, sospecho que tampoco se conseguiría con un sacrificio. De hecho, a Sánchez sus asesores le han obligado a pasarse el periodo de asueto avecindado en el palacio de las Marismillas en el coto de Doñana, donde ya fue a parar Felipe González y familia cuando sus fontaneros decidieron evitar que los fotógrafos le sacaran tumbado en la playa y en actitud no adecuada. El cinturón de hierro de Sánchez tampoco quiere algo así porque aquellas fotos de hace tres temporadas, con él luciendo musculito torso al aire  y su mujer estrenando bikini en cada posado dieron más quebraderos de cabeza que alegrías. Un escenario parecido le costó a Zapatero la presentación en sociedad por sorpresa de sus hijas góticas. Pedro y Begoña no van a asomar el tupé fuera de los muros de su residencia y la Guardia Civil le pondrá capucha a su piscina. Como pasa con los estudiantes, todo queda para septiembre.