El Gobierno dopado

El Gobierno dopado

El recurso lingüístico “gobierno dopado”, que ha vuelto a poner de moda estos días la presidenta del Congreso de los Diputados no es, como pensaba yo, una licencia recién acuñada. Muy al contrario, su patente parece pertenecer al PSOE, y me dicen que fue uno de los más sesudos y aplicados ideólogos del actual jefe del Ejecutivo quien lo puso en circulación para acusar a Rajoy de nutrir de fondos injustificables con los que financiar las actividades de su partido, especialmente las campañas electorales. Ana Pastor ha capturado esta imagen y no ha hecho otra cosa que devolvérsela a sus creadores.
Sánchez puso especial énfasis en la acusación de corrupción dirigida a sus rivales políticos, un argumento que prendió a entera satisfacción entre otras cosas porque era cierto y llovía sobre mojado. De hecho, se convirtió en la razón y principal que desalojó a Rajoy de la Moncloa.
Pero esa denominación de “gobierno dopado” que ha utilizado Ana Pastor menos de media hora después de pronunciar su discurso de despedida y clausurar la legislatura  a la espera de una nueva cita en las urnas, es tan aplicable como la original, porque Pedro Sánchez está valiéndose de los caudales de todos sus administrados para construir su propia campaña. No se trata de utilizar fondos paralelos y fraudulentos por tanto para financiarlas como hizo el PP, sino partidas y partidas enteras de dinero de los presupuestos generales con el destino fijado en ganar las elecciones. Sánchez y su equipo no van a parar en su utilización ni ahora que las Cortes están cerradas y solo existe una especie de reten de guardia hasta la constitución de unas nuevas. Y seguirán manejando los fondos de todos a decretazo limpio, sin fiscalización, sin debate, sin juego parlamentario y, lo que probablemente sea aún más preocupante, sin cálculo presupuestario que permita saber si todas estas maniobras de índole social que suenan tan solidarias y tan bien va a poder pagarse. Las últimas cifras económicas conocidas tienen muy mala pinta y demuestran que para desventura del que venga detrás, los costes de la batería de medidas firmadas por este Gobierno de ocho meses y medio, derivado de una moción de censura y no sancionado por unos comicios como debía haber sido lo razonable (y lo prometido), se están apuntado en una barra de hielo.  A Sánchez le da igual. Ha utilizado funcionarios públicos en trabajos para su partido, tiene la RTVE a su disposición, y dará mítines electorales viajando en calidad de presidente. Todo le vale.