Opinión

El comité de desescalada

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El comité de desescalada

El llamado proceso de desescalada, cuya autoridad máxima en la elección de tiempos y condiciones que habrán de cumplir las diferentes comunidades españolas en su camino a la neo normalidad es el Gobierno, no está gustando a todos por igual, y las voces que se alzan contra sus decisiones ni siquiera tienen que ver con el color políticos de los opositores. Es cierto que Madrid y Andalucía están gobernadas por fuerzas contrarias a la coalición gobernante y no han salido bien paradas en la calificación de los expertos. Madrid solicitó el cambio de fase y su solicitud fue rechazada. Andalucía ha pasado el corte solamente en parte porque dos de sus grandes núcleos urbanos –Málaga y Granada- se han quedado por el camino. Los maliciosos han tirado de cartabón y sospechan que hay algo más que casualidad en el hecho de que el alcalde de Málaga –el veterano Paco de la Torre que lleva veinte años en el cargo- es del del PP, y el de Granada –el novel Luis Miguel Salvador- es de Ciudadanos. Madrid también tiene alcalde popular – José Luis Martínez Almeida- y ambas comunidades están regidas, desde las últimas elecciones autonómicas, por gobiernos de centro derecha.

Yo no creo demasiado en estas acusaciones de partidismo que se han generalizado en redes y círculos de opinión, y prefiero confiar en la rectitud de la comisión de sabios  que regula el peliagudo tema y que el Gobierno se ha negado a descubrir, aunque sí sospecho que la disparatada labor de la portavoz gubernamental ha contribuido a alimentar malos rollos y sospechas, seguramente porque apenas se entiende  lo que dice y lo poco que se entiende contribuye poderosamente a sembrar el desconcierto.
Ardua tarea mientras tanto la que ha de asumir el equipo de Fernando Simón. Ardua e ingrata porque negar a un territorio el paso del corte es crearse un mal enemigo. La necesidad acucia y la urgencia por recuperar la vida cotidiana aumenta el descontento. De hecho, el presidente valenciano, veterano político y barón con toda la barba de la aristocracia socialista, se ha querellado contra el Gobierno por vetar su paso a la Fase 1. Chimo Puig tiene ansias –como todos los presidentes de las autonomías con poderoso gancha turístico- por abrir las ventanas y le han pinchado el globo. Está que trina.

Y ahí vamos a ganarnos la nueva normalidad, aunque no son pocos los que lo que desean es recuperar la vieja.