Dos emociones

Las cosas como son. No todos los periodos en los que se divide el año adquieren la intensidad de este inicio de verano. El leal pueblo se ha enfrentado, sin anestesia ni nada, a dos fenómenos palpitantes en emoción y ardor, capaces ambos de remover todas las fibras interiores de un cuerpo humano lealmente constituido. Tenemos nuevos alcaldes, y en Sevilla se han casado Pilar Rubio y Sergio Ramos, que no sé yo cuál de ambos acontecimientos produce mayor trastorno. Sospecho que el último de ellos, y más si estamos atentos y nos fijamos en el vestuario que lucieron, para bien y para mal, algunos de los trescientos invitados al bodorrio del año. Los expertos en la materia –uno de ellos en una cadena de televisión privada se empeñó en asesinar la ceremonia y puso a caldo a todos ellos empezando por la novia- se decantaron por David Beckham y Nuria Roca como los más elegantes, y Joaquín y Aneta Milicevic -pareja de Pedja  Mijatovic- como los más desastrosos. El leal pueblo, aguantando la solana que cayó a plomo toda la mañana sobre Sevilla, vibró como si Pilar fuera la Macarena y Sergio el Cachorro,  y se preguntó cómo era posible que Fernando Hierro acudiera solo a la ceremonia –luego hemos sabido que el legendario central madridista se está divorciando de su señora- cómo a Victoria Beckham no le dio un soponcio con semejante vestido cerrado hasta las orejas, y cómo es posible que Vanja Bisnic y Luca Modric en vez de marido y mujer parezcan hermanos. A Sevilla no le hacen falta motivos muy poderosos para lanzarse a la calle y apuntarse a una jarana, pero este enlace fueron palabras mayores y la ciudad lo vivió intensamente, lo disfrutó y lo compartió entusiasta con la pareja tirando de botijo, abanicos, flamenquito y jamón de las cumbres mayores que es como se celebra allí lo que sea. 
Y luego están las corporaciones, constituidas mejor o peor en los 8.131 municipios de España. Como se ha movido tanto chalaneo, se han dado tantos pactos y tan por los pelos y se han elegido alcaldes tan variados, hemos asistido a ceremonias sin misterio alguno como la de Vigo, y episodios tan desagradables como el de Barcelona. Sea como fuere, ya hay alcaldes. Otra cosa es saber lo que duran. Pasará cualquier cosa pero sin Carmena. Ha colgado su acta de concejal y ha dicho que se va a casa