Opinión

DESEOS QUE NO SE CUMPLEN

Las situaciones de la vida no acaban frecuentemente como uno quiere que acaben sino como esa misma vida desea hacerlo, un principio que se cumple rigurosamente en sintonía con la propia existencia porque a nadie le parece bien morirse y el asunto es, sin embargo, inexorable. A pesar de que el broche lógico a una novela tan intensa y apasionada como 'El Conde de Montecristo' sería que el atormentado Edmundo Dantés acabara emparejándose con su amor de juventud -la catalana Mercedes Herrera con la que pretendía casarse el mismo día de su injusta detención- no es ese el epílogo que Dumas propone, defraudando a las generaciones posteriores que recobraron el mito y especialmente a los autores cinematográficos que han preferido que Mercedes y Edmundo sean de nuevo felices en su madurez. Tampoco es el doctor Van Helsing, autor material de la muerte de Drácula el vampiro universal por mucho que los guionistas de papel y celuloide se empeñen. Stoker guarda esa hazaña para el joven Quincy Morris, un personaje secundario, norteamericano para mayor confusión, que no utiliza en ello ni estaca ni martillo sino un cuchillo Bowie de notables proporciones con el que el animoso joven rebana el cuello del vampiro minutos antes de expirar, víctima a su vez de otra cuchillada.


Y vean por último que Sarkozy había mandado que sus policías trincaran al asesino de los niños judíos vivo para que cantara y no se convirtiera en héroe y ejemplo de islamistas furiosos en territorio francés, pero sus deseos no se han podido llevar a cabo y el criminal de Al Qaeda eligió morir matando en aquello que los expertos llaman suicidio activo. Tampoco este final era deseado. Ni el de El Madrigal para los madridistas. Pero?

Te puede interesar