Opinión

LO QUE ESTÁ POR DESCUBRIR

Uno tiende a creer que todo está descubierto, todo está desenterrado, nada hay que pueda sorprendernos y nada existe que permanezca pendiente de catalogación, hasta el punto que la Tierra es ya una aldea globalizada y doméstica que el ojo escrutador de Google ha conseguido convertir en un somnoliento parque de atracciones dominguero. La cámara de Google ha obtenido por ejemplo una foto del monstruo del Lago Ness nadando apaciblemente bajo las superficie de las frías aguas y solo falta que el desgraciado animal aproveche la presencia de las cámaras para mostrar en su lomo la publicidad de Coca Cola. Todo está o eso creemos, a la vista y es accesible a cualquier mirada, y hasta sus más recónditos rincones han sido etiquetados y explicados sin aparente temor de meter la pata. La seguridad de que este mundo está estrictamente cuantificado y catalogado se quiebra afortunadamente de vez en cuando, y aunque existen muy remotas posibilidades de encontrar una canción inédita de los Beatles que equivaldría a obtener una foto auténtica del Nessie retozando en una charca, los expertos se han encontrado con una pieza manuscrita desconocida y firmada por Don Luis de Góngora y Argote que tampoco es un hallazgo menor. Y para mayor interés, el poeta arremete en este escrito recién sabido contra un Inquisidor indecente que simultaneaba su tarea en el Santo Oficio con los favores de una dama con la que vivía en lasciva carnal coyunda sobradamente impresa en las camisas tendidas al sol en las que se averiguaba fácilmente la huella del dicho ayuntamiento. Uno aprende además a advertir que los siglos apenas han cambiado los hábitos, y menos a los golfos y a los hipócritas. Los hubo y los sigue habiendo.

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