Opinión

Cosas de genios

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Cosas de genios

A punto de cumplirse el 250 aniversario del nacimiento de Ludwig Van Beethoven, (Bonn, 1770) las especulaciones sobre la vida y muerte del genio cobran de nuevo carta de naturaleza en un mundo completamente distinto al que dejó el músico universal, pero igualmente entusiasta de su obra dos siglos y medio después. Como muchos otros de su oficio, Beethoven fue un sujeto atrabiliario y de peregrinos comportamientos, cuya falta de habilidades sociales le producían atroces padecimientos. Era un verdadero desastre en el vestir, no sabía bailar y tomaba clases inútiles para aprender a hacerlo, se atribulaba en presencia de las mujeres, y era famoso por sus continuas torpezas. Invitarlo a fiestas y recepciones era un tormento porque, como corresponde a un tímido desastrado y enfermizo, vagaba por los salones y hablaba con la boca llena, manchándose la levita  de salsa. Greñudo y legañoso, nunca fue muy aficionado ni al agua y el jabón, ni al peine. Para colmo y desde muy joven, estaba sordo como una tapia, padecía de úlcera, sufría terribles dolores de estómago, cólicos con fiebres y diarreas, y apenas podía entenderse cabalmente con el resto de la gente.

Pero, como le ocurrió a Mozart -que murió muy joven cuando Beethoven contaba veinte años y hay historiadores que aseguran que ambos llegaron a conocerse en Viena- sus hechos y milagros están permanentemente sujetos a escrutinio y controversia. Si un reputado grupo de estudiosos de la música del maestro de Salzburgo se regodean en afirmar que  en su obra nunca aparece el Si 4 que al parecer Mozart borró de su pentagrama por considerarle una nota propia del maligno, un sesudo profesor especialista en la obra del genio de Bonn llamado Theodore Albrecht, sostiene hoy que Beethoven nunca se quedó sordo del todo. Ni a los 44 años, como suponen los expertos, ni en la hora de su fallecimiento, ocurrido a la edad de 56 por causas no determinadas. Al parecer, Beethoven padecía tal cantidad de males en aquellos últimos años que pudo morirse de cualquiera de ellos.

Pero, para el profesor Albrecht, esa interminable lista de enfermedades no incluyó esa sordera completa aceptada comúnmente. Nadie puede componer la mayor parte de su obra completamente sordo, ni siquiera Beethoven, afirma el experto profesor gloría y referencia de  la Universidad de Exeter. Para él, ese argumento ya no se sostiene. En todo caso, Albrecht no le resta méritos. El genio de Beethoven es inigualable, sea sordo total, o parcial como él defiende.