Opinión

CAMINO DE SEVILLA Y OLÉ

Alguien me preguntó hace unos días a quién elegiría yo para mandar en el PSOE los próximos años entre Chacón y Rubalcaba, y, desafiando las más elementales reglas de la bendita prudencia, respondí que a ninguno de los dos y eso que poco pito tengo yo que tocar en esta orquesta. La situación, ya en este último esfuerzo que conduce irremediablemente camino de Sevilla, está tan igualada como enconada y sumida en un ambiente desapacible que tampoco es que resulte especialmente beneficioso para un partido que necesita desesperadamente reencontrarse. Pero ya que estamos metidos en amargura, la cita sevillana debería valer para reconstruir un PSOE que aquel cuyos nombres y apellidos ahora ya no pueden nombrarse ha dejado hecho unos zorros. Y por tanto, debería también valer para partir desde la casilla cero.


Metiendo la nariz donde nadie me llama yo diría que la gran familia socialista está analizando el día después con general incompetencia, a pesar de que muchos militantes saben que se están equivocando y son conscientes de determinadas cosas que han sido despreciadas por los instigadores de este disparatado procedimiento que consiste en elegir entre dos inculpados hasta las cejas en el fracaso anterior para que uno de ellos coordine la redención que debería seguirle.


Pero para que las cosas salgan bien, el PSOE debería saber que no sólo ha perdido las elecciones por la perniciosa influencia de los mercados sino porque ha cometido errores políticos de bulto, entre los que no convendría olvidarse de una radicalización absurda en sus planteamientos que ha puesto en fuga a sus tradicionales electores centristas, que son muchos, muy sensatos, que ampararon a Felipe y que le hicieron presidente.


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