Opinión

LAS BUENAS COSTUMBRES

Dicen fuentes autorizadas que el presidente Rajoy y el líder de la oposición cultivan una buena sintonía, y se respetan y se aprecian por encima de diferencias políticas, lo cuál a la vista de la sorda batalla campal a la que se han visto reducidos algunos episodios de la anterior legislatura, es una excelente noticia. Rajoy es hoy presidente pero ha sido oposición y sabe lo que es acudir a La Moncloa para que Zapatero le tomara el pelo, le ninguneara cada dos por tres y mantuviera con él firmemente aquel llamado 'cordón sanitario' que los exégetas de la nueva doctrina socialista impusieron para no rozarse con los vencidos y no contaminarse con sus miasmas. Rubalcaba no ha estado nunca allí como presidente, pero se sabe la casa de memoria y ha formado parte de ese Gobierno que se empeñó en las formas en lugar de en los fondos y que amparó a un presidente del que el político pasiego terminó abjurando y tratando de silenciar ante el íntimo convencimiento de que el sólo hecho de pronunciar el nombre de Zapatero tiraba por la ventana un centenar largo de votos.


Llevarse bien, mantener firmes los fundamentos de una correcta relación personal e institucional no reconforta únicamente a los protagonistas del duelo ?para los que un diálogo tranquilo, sosegado y libre de violencia verbal y permanente exabrupto debe resultar muy placentero- sino que favorece sin discusión los intereses de los propios ciudadanos a los que bueno sería dar algún cariño ya que van de sacrificio en sacrificio, de disgusto en disgusto y de coscorrón en coscorrón. Tan duras o más que ahora las tuvieron Cánovas y Sagasta y se entendieron y sacaron el país adelante. Pues en este caso podría ser igual de provechoso.

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