Opinión

AYER, HOY Y MAÑANA

Aquella medalla del amor y su meliflua leyenda: 'Hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana', terminó por hacer escuela en un tiempo en el que el amor ya no es como el de antaño cuando se creó la joya aquella de la que se colgó el famoso lema. Entonces era un término muy usado aunque fuera también tan relamido que, bien mirado y con el ojo de la actualidad, suscita ridículo. Los tiempos han cambiado tanto que tampoco es posible aplicar aquella gloriosa máxima setentera que propagó al mundo la comunidad hippie y que decía, 'Haz el amor y no la guerra', un mensaje que contenía tanto el consejo de practicar cierta armonía universal basada en la concordia, la fraternidad y el cariño de todos, como el que invitaba a copular con sano desenfreno, una receta que parecía específicamente ideada para aplicar a la sufrida población española aquella que, salvo honrosas y exquisitas excepciones, apenas cumplía el precepto. 'Oiga, ?decía un chiste del momento- ¿usted entre polvo y polvo fuma? Si señor. Yo, tres cartones'.


A la vista de la cadena de perversos acontecimientos sobre los que hoy transitamos esos mismos sufridos españoles una generación y media después, y que nos tienen las plantas de los pies como si marcháramos sobre ascuas, parece razonable que el mensaje de la medallita se convierta en 'Hoy te enchulo y te mazo vivo más que ayer pero menos que mañana, y no te digo nada la que te espera pasado si es que llegas vivo'. A la huelga del jueves han sucedido sobre la marcha los Presupuestos del viernes, y nadie sabe qué nos espera el lunes próximo. Y así, hasta llegar al Apocalipsis que, según todas las evidencias, está a la vuelta de la esquina. Y encima, con estos pelos.


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