Opinión

Aula virtual

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Aula virtual

Nunca me había planteado la posibilidad de enseñar a alguien a tocar la guitarra y mucho menos, valiéndome de una pantalla de plasma, en cuyo marco luminoso me aparece en estos momentos de claustro reglamentario, el alumnado. Yo soy un sujeto más bien corto en mis conocimientos y, desde luego, francamente mediocre como guitarrista, una condición de la que soy plenamente consciente hasta el punto de que nunca me atrevería a ejercer opción alguna de docencia incluso en el ámbito más próximo porque, para enseñar una materia, no basta con conocerla sino que es imprescindible saber transmitirla y yo no cumplo ninguna de estas condiciones. Son un guitarrista malo y un profesor mucho peor todavía.

Sin embargo, estamos en una situación extraordinaria y, en el escenario propuesto por este tipo de momentos, caben manifestaciones igualmente extraordinarias. En definitiva, que cuando uno está en estas lides, todos los gatos son pardos y un gato pardo como yo con una guitarra en las manos, es incluso capaz de desafiar su propia timidez y sus conocidas limitaciones para expresarse en la materia gracias a un aula virtual y las múltiples ventajas que otorga a estas alturas de devenir humano las nuevas tecnologías. Los alumnos claro –no cabría otro marco- son los miembros de mi propia familia a los que estoy administrando un cursillo acelerado por correspondencia de cómo tocar muy sencillamente aquellas canciones que a todos ellos les gustaría aprender incluyéndome a mí en ese tren de aprendizaje. Jamás había intentado nada con una canción de Ed Sheeran, pero todo es ponerse y les aseguro que “Perfect” no solo es una canción muy bella sino francamente fácil.

Naturalmente todos se van a aprender sí o sí algunas cositas de mi gusto y ya estamos en la lección número cinco machacando “Nowhere man” y “In my life”, ambas de la procedencia que ustedes sospechan con muy buen ojo. En efecto, los Beatles soportan una muy razonable parte de este programa lectivo.

La música es vida, es amor y es esperanza, y una medicina excelente en estos tiempos del cólera que nos tocan. Aunque la música venga de la mano de un indocumentado como este arriba firmante. La música lo cura casi todo.

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